En el 2025, el precio medio de compra de energía de las empresas distribuidoras de electricidad (EDE) fue de 14.98 centavos de dólar por kWh, mientras que el precio medio de venta alcanzó los 16.46 centavos. Esto representa un margen de venta de 1.47 centavos, inferior al del 2024, cuando la diferencia entre ambos precios fue de 1.71 centavos. Dado el contexto internacional actual, se anticipa un alza en los precios de la energía que podría estrechar este margen todavía más.
La historia reciente es ilustrativa: en el 2022, el margen se contrajo hasta 0.59 centavos por kWh, el mínimo desde 2009, cuando el petróleo pasó de 66 a casi 115 dólares por barril en menos de un año.
Una caída en el margen agrava las finanzas de las EDE. En el 2024, aún con un diferencial mayor, las distribuidoras necesitaron transferencias del gobierno central por más de 105,000 millones de pesos. Si el margen continúa reduciéndose, y considerando que las pérdidas eléctricas rondan el 42 %, esa cifra podría crecer.

A mayor margen -diferencia entre precio de compra y venta-, más recursos para cubrir gastos y pérdidas. Sin embargo, ni siquiera en períodos favorables ha bastado para eliminar la dependencia de fondos públicos, reflejando ineficiencias estructurales del modelo actual.
Para el 2026, las transferencias a las EDE se presupuestaron en 1,300 millones de dólares, asumiendo un precio del petróleo de 47.8 dólares por barril. Estimaciones recientes de la Administración de Información Energética de EE. UU. sitúan el barril en 73.5 dólares, lo que podría elevar significativamente esa cifra reforzando la necesidad de avanzar hacia un sector eléctrico más eficiente.
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Una colaboración del Centro Regional de Estrategias Económicas Sostenibles (Crees).







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